EL HOMBRE QUE NUNCA EXISTIO
Capitulo I

Respiré. Al aire lo estabilizaban las flores del azahar... su aroma. El perfume dulce de sus hojas blancas modelaba la consistencia que el frescor de la tierra y las macetas recién regadas se habían encargado, antes, de insuflarle. Y los mozos de los bares, aún despabilándose, aún medio dormidos, les ponían por encima a las aceras casi desiertas de las diez y media algunas mesas y sillas de chapa metálica y aspecto desgastado y endeble.
Eché a caminar sin rumbo fijo tal y como acostumbraba a desenvolverme muchas mañanas de sábado en las que a mi ego le apetecía hacerle el rendez-vous a la ciudad para que esta -consentidora al cabo, dada su madurez y su belleza- terminara tomándome de la mano y conduciéndome, como si fuese ondina o ninfa de agua dulce y no dilecta hija del sol del mediodía, y de la luna, hasta las riberas del Guadalquivir. Y para que a ella no le importunase en demasía mi atrevimiento y descartara de sus juicios el tomarme por aprendiz torpe y osado de un viejo amante suyo, de apellido Tenorio -sabiéndose los registros al dedillo, flaqueaba este galanteador que ahora les habla de figura y finura para llegar, como el otro, a hacerles perder el juicio a las damas- me paraba ante todas las capillas que veía y entraba dentro de ellas: donde, postrado, le presentaba mis respetos a la señora de la casa y les pedía felicidad a los manojos de rosas y a los cirios de cera que les prestaban su luz.
Durante mi paseo por la calle Betis, bizarro, fanfarrón, sintiéndome importante del brazo de mi enamorada, giraba mi cabeza buscando su mirada, desviaba mi mirada buscando la otra orilla, y, aunque pretendía andar bien derecho: con empaque, garboso y toda la pesca, no me salía, y al paso, junto a la barandilla del Puente de Triana me asaltaba la duda de si en realidad quería era ser un apuesto turista capaz de llevársela a dormir consigo al hotel esa misma noche o si lo que lisa y llanamente en el fondo y de verdad deseaba era en cambio ser un hombre sencillo del lugar, alegre y entregado, que la fuese conquistando poquito a poco a mi galana, alargando el cortejo, abonado a las citas sin besos, para así poder permitirme presumir ante los forasteros de las lindezas y el rubor -colgada de mi brazo como andaba ella- que a la mujer obsequia casi siempre la esperanza de los amores no cuajados.
Hacía parada luego en El Salvador, recién llegado de la parte de la Plaza Nueva a donde había estado pelando alguna que otra gamba y leyendo el periódico, y allí me ensimismaba mirando las palomas, comiendo papas a la inglesa o altramuces y bebiéndome un par o tres de cervecitas, emanadas de barriles embadurnados de sal, mientras procuraba intercambiar risas y picardías con alguna de las descendientes contemporáneas de mi dueña, o si llegaba el caso, y el tonteo no discurría por los cauces apetecidos, intentaba resolver algún crucigrama o, bien, enjaretar algún poema, exaltado y ligeramente etílico, cuyo destino de manera casi inevitable era, con la llegada de la mañana siguiente, y la admonitoria sensatez que hace yugada con la resaca, el cubo de la basura.
Me trasladaba, inmediatamente después, hasta La Alfalfa, ufano, sonriente, paladeando a cada paso el hecho de saber que estaba justo entonces precisamente allí, donde quería, y ya llegado al barrio, cuando los chamarileros aún no habían acabado de recoger del todo las jaulas de los pajarillos cantores con los que andaban en tratos, me tomaba otra cerveza más, despacito, ceremoniosamente, en un bar de esos sucios, de clientela incierta, en los que sirven cabrillas y menudo, entretenida mi memoria en recrear los ojos más brillantes de la mañana y la risa más rotunda; esas cosas tan simples -y tan ciertas- que le dotan de su sentido último al hecho a veces venturoso, como aquella, de vivir un poquito la vida.
Eran las mañanas -ya lo están viendo- de un solitario, de un sentimental, de un vagabundo a la par encontrado y perdido.
Y ya sentado para almorzar en una terraza de las que lindan con los jardines de Murillo, en la Puerta de la Carne, intentaba otra vez, una vez más, escribir, entre una rodaja de calamar y la siguiente, algo, lo que fuera, que nadie hubiera expuesto en público hasta entonces con esas mismas palabras que yo iba a emplear o parecidas: eligiendo los verbos precisos, retorciendo las frases, ajustándome para ello a un tono personal, selectivo, enteramente mío. Empeñado en conseguirlo, comía ensimismado, comía despacio, cincelando al socaire oraciones y frases, distrayéndome a veces con las conversaciones y los escotes de las turistas que me rodeaban, para, al final, terminar asaltándome otra vez más las dudas acerca de mi origen, los recelos acerca de mi sitio ¿de dónde era yo verdaderamente? ¿cuál era mi auténtica procedencia? ¿hacia dónde iba?. Porque el papel que tenía delante, y yo manipulaba a mi antojo, no había conseguido hasta ahora responderme a ninguna de estas tres interrogantes. Sí. ¿Quien era yo y para qué estaba en Sevilla?. O, incluso... -no me convenía seguir haciéndome el inocente mucho más tiempo-: ¿quién era yo en realidad y por qué estaba vivo?. Me acabé la ración de pescado frito, le pagué al camarero la cuenta y arranqué a andar en dirección al barrio donde vivía.
Ya veríamos lo que pasaba con las matriarcales gitanonas enjoyadas de oros que vendían trocitos de ramas de romero dentro del parque de Maria Luisa, junto a la entrada de la Plaza de España. Si a alguna de ellas se le ocurría interceptar mi marcha para ofrecerme uno de aquellos brotes de hierba, el gesto no podría tener otra interpretación que la de que yo todavía continuaba aparentando ser un completo forastero en la ciudad; si, por el contrario, al pasar por su lado, las mujeres me dejaban seguir mi camino en paz sin interrumpirme, haciendo caso omiso de mi presencia, dispondría de un buen indicio, un dato riguroso, fiable, de que mi paulatina transformación en lugareño iba, por fin, rindiendo sus frutos.
Humillé ligeramente la testuz pegando la barbilla contra el pecho sin llegar en ningún momento a apresurar el paso. A mi diestra se hallaban de cháchara haciendo corro unos cuantos cocheros, fumándose el pitillo, apoyados algunos entre ellos contra las ruedas de los carros. Estas tenían los radios pintados de amarillo. Al otro lado, el del palacio, se apostaban las gitanas merodeando entre los puestos de los vendedores de souvenirs y latas de refrescos. Tras dejar a mis espaldas el barullo que formaban todos ellos en su conjunto, sentí una mano tirarme de la manga derecha de la cazadora, a la vez que una voz andaluza, grave, de acento cerrado y algo difícil de entender reclamaba:
"Mister, misie, comprame una ramita mi arma, que solo es un eurito de ná, ná máh...."
Cometí la imprudencia de responderle en español a la vendedora. Y la ingenuidad de largarle una mentrijila sobre mi lugar de procedencia.
"No, gracias. Además soy de aquí". Pretendí hacerle creer a la mujer que estaba en un error al tomarme por un turista. Y lo lleve a cabo -segundo error de estrategia- esbozando con el gesto una leve sonrisa. Esa amabilidad le dio pie a ella para insistir:
"Venga, mi arma, que tú tieneh cara de millionario" mientras, manoseándome, intentaba buscar entre mis ropas un sitio apropiado para prender el romero.
No sé como lo hizo, pero, lo cierto es que lo consiguió. Llevaba por encima -me parece que lo he comentado ya- una cazadora y, por debajo de ella, un polo de manga corta. Introduciendo con suma pericia el brote del arbusto por el hueco que dejaba abierto la cremallera de la zamarra, la gitana había terminado alojándolo de mala manera en uno de los ojales del pecho. Me llevé una mano al bolsillo del pantalón para buscar el dinero que ella venía reclamándome. Vi que sólo tenía una moneda de dos euros e igual se la di.
"Cómo has sio generoso, marquéh, te vi a desí la güenaventura" se despachó, ahora, la doña con la intención, bien fundamentada a la luz del completo entreguismo del que yo acababa de hacer gala, de proseguir sacándole rédito a su impertinencia.
La gitana giró la muñeca de mi mano derecha antes de que yo contara con los reflejos necesarios para impedírselo.
Miró su palma. Me miró a mi. Siguió longitudinalmente con el dedo índice de su diestra, sucísimo, los muy angostos cauces que las arrugas formaban en la piel blanquecina y sudada. Piel viva. Volvió a mirarme. Compuso esta vez -los ojos abiertos como platos- una cara de manifiesto estupor. Elevó ese mismo dedo con el que había estado escrutando mi destino hasta mi rostro y rozó con su yema, de arriba abajo, una de mis mejillas. Terminó clavándome la uña. Le pegué un manotazo. Sorprendida, soltó un chillido y exclamó:
"Malaje, marditoh, mal rayo te parta, estah muerto. ¡Muerto!", antes de darse la vuelta y echar a correr hacia la verja de la plaza, en busca de una nueva compañía algo menos inquietante.
Durante unos breves segundos, la seguí con la mirada, circunspecto, indudablemente intrigado, pero sin permitirme en modo alguno la debilidad de que sus palabras llegaran a hacer mella en mi estado de ánimo. No llevaba todavía siquiera un mes viviendo en Sevilla y esa era ya la tercera vez en la que alguien -también en este caso, una perfecta desconocida- se ocupaba de hacerme reparar en el hecho de que yo estaba muerto. La única alternativa que podía permitirme era por consiguiente, si de verdad quería llegar a resolver todos esos enigmas que a mi tanto me preocupaban y de los que les he hecho a ustedes partícipes unas líneas atrás, la de volver a resucitar de nuevo. O tal vez no, y me conviniera, en el fondo, continuar siendo, tal y como hasta ahora venían haciéndomelo notar algunos extraños de los que yo nada sabía, un cadáver. Solamente un cadáver.
Luego enseguida, transcurridos esos instantes iniciales de confusión, arranqué a andar tras la espalda de la terrible pitonisa siguiendo la dirección de sus pasos.
25 comentarios
Me quedo con la imagen del poeta intentando escribir algo innovador y deslumbrante entre calamar y calamar. Cuando lo realmente interesante para una servidora es que escriba sobre lo que conoce y vive de primera mano. Es decir, sobre el bocadillo de calamares. Eso me sirve para ampliar mi mundo, lo otro, las florituras, me entretienen por un ratito y al día siguiente está en el cubo de la basura de mi mente sin trastero.
Amiga AMADECASA
Solo perdura verdaderamente lo bello, porque, al cabo, el tiempo es justiciero y su memoria es finalmente la memoria de los más dignos, de los que se han preocupado más de amar la vida.
La memoria de la cotidianeidad es a pesar de lo que tu defiendes -yo creo- efímera, los recuerdos se gestan en este caso por repetición, por rutina, no por una conmoción, y no perduran lo mismo.
Nota. Releer algo de Ruskin.
Estimado Julián, para tu información leo tus respuestas a mis comentarios. No te he contestado antes porque estaba... pensando. El caso es que me he resuelto a ayudarte porque dicen por ahí que eres buena gente y eso. Vaya por delante que no estoy de acuerdo contigo ni con el tal Ruskin, si es que ese señor dice lo mismo. Yo creo que todo es efímero. También creo que me expresé insuficientemente, pero es que soy tan vaga y esto es tan largo...
Pero va, me explico. Creo que escribes bien y que tienes muchas posibilidades de llegar a escribir muy bien. Por ejemplo, el párrafo que empieza por "Y ya sentado para almorzar..." es buenísimo. Para mí es emocionante, lo que describes te sale de dentro y el lenguaje está muy depurado. Me encanta. Estás describiendo algo que conoces muy bien y eso se nota. A eso me refería con lo de describir el bocadillo de calamares, pero si la comparación te despista, olvídate de los calamares y ya está.
Una lástima que este tono no se mantenga durante todo el texto. En general te recomiendo que no te lleves el trabajo a casa, que de tanto leer legajos le van a salir legañas a tus textos, o sea que te abstengas de esa enrevesada jerga ilegigle de la jurisprudencia, por bien tuyo y nuestro. Porque supongo que eres abogado o notario o algo similar, ¡dime que no te lees el BOE por gusto, por Dios!
AMADECASA
Gracias por tu crítica, coraçao. Pero no estoy de acuerdo con ella, el párrafo que citas como tu favorito es -a mi juicio- el más forzado y más leguleyo de todo el texto o ¿no me vas a reconocer que lo de "cincelando al socaire oraciones y frases" es bastante repelente?. Hay posts suficientes en este blog para saber que no es posible encasillarme en un estilo, "que le pego a todo" (perdón por la soberbia) según me va apeteciendo.
Ni me leo ni me he leído nunca el BOE. Y, evidentemente, si fuese notario no iba a estar dándoles a ustedes la tabarra con todas estas chorradas atorrantes que les largo.
Soy entrenador de futbol -de segunda "B"- y al BOE comenzaré a prestarle alguna atención cuando se decidan a meterle el desplegable con fotos de la "funcionaria del mes" en las páginas centrales.
Me hace gracia que el concepto que se defiende hoy en día, en España, por la gente que lee, ilustrada, de lo que es "escribir bien" suponga por tal cosa el utilizar frases muy cortas y muy poco vocabulario dentro de un argumento deslabazado de cosas anódinas de la vida cotidiana. ¡Y si, por lo menos, se les/nos reclamará a los plumillas la utilización de un estilo del copón! pues a lo mejor valía. Pero ni eso.
Léanse a Mujica Lainez, a Bufalino, a Edmund White, a Borges, a Hollinghurst, a Wilkie Coolins, a Mahfuz, a Auden....
¡Vivan los gerundios, cojones!.
Y sigo siendo igual de buena o de mala gente que antes, aunque en esta ocasión haya mostrado mi desacuerdo con lo que tú opinas ¡que, por estas tierras, uno nunca sabe como va a tomarse la gente tus discrepancias con sus pareceres!. Un beso. Julian.
¡Vivan los gerundios y mueran las cadenas!
Es decir: Muriendo las cadenas y viviendo los gerundios
¿Qué opináis vosotros del asunto, Lansky, Vanbrugh? ¿verdad qué para poder llegar a publicar, el más depurado de los estilos no supone apenas nada al lado de disponer de buenos contactos entre la intelligentzia de la cosa editorial? Miren, ahí tenemos un caso flagrante, el de Wisenthal, que, de entrada, hubo de publicar por su cuenta sus dos últimos libros para entretenimiento y deleite (y en este caso no se trata de un eufemismo) de sus allegados.
ABRAZOS. Si continuo adelante con el blog, es, por supuesto, gracias a vosotros tres. Julian.
Podríamos montar nosotros tres una editorial; es un método casi seguro no sólo de publicarte, Bluff, sino de arruinarnos.
Lansky
La problemática del negocio editorial estriba -como bien te consta- no tanto en la edición del texto en si misma sino en su distribución y difusión.
En todo caso, si las referencias de su catálogo ibamos a ser nosotros tres, no me cabe la menor duda de que la nuestra iba a convertirse en la mejor editorial de libros de autores españoles vivos. Una referencia para los que apetezcan enterarse de que la vida no termina en el barrio de Malasaña y ni siquiera empieza ahí. Que el nirvana no consiste en ponerle los cuernos a tu marido, feo, con otro amante igual de feo. Ejem...
¿Puede alguien decirme tres, cuatro... novelas de tías/tíos de por aquí, escritas ya en este milenio, que merezcan más o menos la pena?. Pregunta fundamentalmente dirigida a "AmaDeCasa".
Lamento no poder opinar nada en absoluto, hay pocos temas de los que sepa menos que el mundo editorial español. El poco dinero que puedo gastar en libros no suelo usarlo en autores españoles contemporáneos vivos, y no por prejuicio, ni nada así, sino porque, en una muestra tan escasa como son mis compras anuales, sería verdadera casualidad que entrara un grupo tan poco significativo. Algún día tendré que leer a nuestro querido Alberto Olmos, pero me temo que será cuando la red de bibliotecas de Madrid decida comprar algo suyo para la que me queda al lado de casa.
Pero nada de todo eso me impide apuntarme al proyecto editorial. Me hace mucha ilusión hasta la perspectiva de arruinarme, porque para poderse arruinar uno ha tenido que tener antes algo, aunque solo sea un rato, y me encantará probar la experiencia. Yo no tengo NADA que publicar que no haya colgado ya en "Júbilo Matinal", pero publicaré gustosísimo todo lo que escribáis Julián, Lansky, Ama de Casa, d.m y todo el que se apunte. Y puedo escribir las solapas, previa censura feroz de Julián. Ahora, lo voy a poner a bajar de un burro.
Hablando de proyectos en común. Un reto para Vanbrugh.
Traducir una de las cuatro novelas que he escrito, la que él prefiera, al francés. Concediéndole ¡cómo no! absoluta manga ancha en el proceso. Puede cambiar, si lo desea, hasta los nombres de los personajes.
E intentar colocar el manuscrito traducido en el mercado francófono. Donde Lansky mucho más versado que yo en mondanités, y también más impactante como fenómeno mediático, suplantaría mi personalidad en las distintas entrevistas y entregas de premios.
Todo a pachas entre los tres ¿qué tal?.
¡Qué cosa más bonita, más snob!
¿Hace?... Vanbri, Lansk.
El problema es que mi estilo en francés daría para una buena tesis sobre las insalvables dificultades del aprendizaje del francés como segunda lengua, pero dudo que enganchara a nadie, aparte de algún filólogo masoquista. Tendrías que oirme departir con los camareros de los bistrots de Montmartre. Patético es poco.
Ahora bien, podías ir pasándome el manuscrito.
I.-lo de las cuatro novelas de tíos de aquí escritas en este milenio.
1) La última de la trilogía de javier Marías
2) Rabos de lagartija de juan marsé
3) Soldados de salamina de javier cercas
4) Amarillo de Félix Romeo
5) Purgatorio de J.F. Mira
II .- No puedo suplantar tu personalidad, ni en actos públicos ni en ninguna otra ocasión, pero puedo, eso sí, sustituir la tuya por la mía, que es arrolladora (la personalidad, digo)
Ah, se me olvidaba. Especialmente para vanbrugh
La última novela de Alberto Olmos, El talento de los demás, está bien escrita, con frescura, finura de trazo, gracia en el lenguaje, pero es una mala novela en la que se nota la tosca carpintería y los retazos, el "pachtwok" cosido del que está hecha.
Pudiera parecer que leo mucha novela hispana, pero la verdad es que no, primero, porque me apunto a lo que dice Vanbrugh y además bastante tengo con seguir a los grandes, como Roth, Doctorow, Banville, Cormac Mc Carthy, y es que encima lo que más leo es ensayo y sólo unas 20 novelas al año.
Las 5 que menciono más arriba están bien. Simplemente; la del Olmos, no.
Arrebatándole por unos instantes la frase a mi admirado W. Allen me apetece declarar en este histórico momento
"Menos mal que Dios también creo a los franceses"
Ellos siempre nos han tenido a los españoles por uno de los seres más exóticos -ornitorrincos al margen- de toda la creación. Nos adoran (más o menos). Una admiración a mi juicio inmerecida francamente, no tenemos pico de pato y ni siquiera ponemos huevos. Comme si, comme ça.
Pero seguro que allí, en las Galias, este que les habla hubiera publicado ya. En Galimard. O algo así.
Adieu.
contestando a miss lansky
Lo de la personalidad. Ya daba por sentado, en mi invitación al fraude, que los motivos para este serían precisamente el dotar al misántropo julian bluff de una mayor dosis de punch personal. Deseo preguntarte por la diferencia entre suplantar y sustituir que tú matizas al respecto de nuestros dos comentarios.
Lo de los libros.
Con Marias, lo siento, pero no puedo. Es taaan, pero taaaan de aquí. ¿Cómo podrán decir los críticos qué parece inglés?. Sí es más de aquí que el gin tonic en vaso de tubo. Los argumentos de sus libros son de pelicula de cineforum de fianales de los setenta. De esas que en blanco y negro a las que ibas para dártelas de enrollado y ver si salía, por ahí, de vez en cuando alguna que otra tetilla suelta. En resumen, Marias es malasañismo en fino.
Marsé. He leído Ultimas Tardes con Teresa y La oscura historia de la prima Montse. Luego lo de la muchacha de las bragas... y tal (que no me acabe). Lo de Shangai (que no me acabé). Como los sprinters en el tour, que empiezan de puta madre y van yendo a menos. ¡Ojalá que Los rabos de Lagartija sea la etapa, esa, de Tours, que luego vuelven a ganar!
Cercás. Una máquina de corrección política, puro stablishment. Los soldados de... no lo he leído. Por principio, no leo cosas de la guerra civil. Pero me compré de él un libro de artículos y uno del principio sobre la Baja California me pareció más buenrollista que pasarse con la novieta un chicle de fresa mascao.
Felix Romeo. Dibujos Animados, me la leí de un tirón de pie en un vips, no creo que sea de después del 2000. Me pareció una especie de Loriga de provincias sin pretensiones. Luego hojeé otra y no me gusto tanto. Amarillo (si es gorda y tiene la letra juntica -el es aragonés- sí que pienso leerla). En definitiva, Romeo (Félix) mola más que Tomeo (Javier).
Mira. Asteroide le republica una novela de antes del 2000, me parece. Hojearé el libro y, si me gusta, lo compraré. Asteroide merece un crédito.
Cómo habéis visto hoy estoy desmachetao. ¡Ya tocaba, ya!.
De las novelas de Olmos hablaré el día que él me lo pregunte. No antes.
besssssssssssssos
Suplantar es imitar/mimetizar al verdadero sujeto; sustituir sin más es eso, ponerse en su lugar pero con los atributos propios y no los del sustutido, salvo en sus funciones. Por ejemplo, si yo me caso con tu viudad (Uhmmm) te sustituyo, pero no te suplanto, salvo que adopte todas tus señas y no sólo la función de marido.
Estoy de acuerdo contigo en que Marías de inglés nanay, pero no en lo demás. En realidad es una imagen especular de Millás; este es buen columnista mal novelista, auel buen novelista y mal columnista. Mañana en la batalla... y Corazón tan blanco son excelentes novelas. Cercas es sí, políticamente correcto, pero Soladsos es una buena novela, sencilla y aseada; Marsé es el mejor novelista costumbrista de después de la guuera civil, etc.
Lo que más me interesó de Soldados de Salamina -que por lo demás, lo siento, se me olvidó casi entera dos horas después de haberla terminado, o sea, cuatro horas después de haberla empezado- fue la figura de Sánchez Mazas, del que prácticamente no sabía nada ( y sigo sin saber, pero me abrió el apetito: a raiz de aquello encontré por casa y me leí La vida nueva de Pedrito Andía, una especie de novelita de Martín Vigil avant la lettre). Y este, la verdad, me interesa menos por él que por sus hijos Sánchez Ferlosio: Rafael, que es un ensayista digno de tener un blog recóndito como los nuestros, cuya lectura recomiendo a todo el que no la haya hecho, y Chicho, del que tampoco sé nada más que que canta, unas canciones excelentes y anarquistas de las que si puedo un día os colgaré aquí Hoy no me levanto yo. Estoy pensando en convertirla en mi himno particular.
Me alegro de haber dado pie a unas digresiones tan interesantes y divertidas, me lo he pasado muy bien leyéndolas, gracias. Lo de que eres entrenador de fútbol, no me lo creo, seguro que te lo has inventado.
Te cito un párrafo que me ha dejao perpleja: "Me hace gracia que el concepto que se defiende hoy en día, en España, por la gente que lee, ilustrada, de lo que es "escribir bien" suponga por tal cosa el utilizar frases muy cortas y muy poco vocabulario dentro de un argumento deslabazado de cosas anódinas de la vida cotidiana."
Primero: Si la gente ilustrada piensa eso, lo ignoro. Yo, personalmente no pienso eso (quizá porque no sea tan ilustrada). Para mí en un texto bien escrito nada sobra ni falta, todos los elementos son necesarios y cumplen una misión, cada frase cumple las reglas de la obra entera, como si fueran fractales. Las reglas son el estilo del autor y la idea concreta que quiere transmitir en cada obra. Esto vale para cualquier obra de arte que me guste, por cierto. En literatura también.
Segundo: Me ha parecido que lees mi blog y me describías con un punto de sorna. Perdona, pero si escribo con frases cortas y poco vocabulario sobre historias anodinas de la vida diaria, eso es porque no soy capaz de hacerlo mejor. Cada cual conoce sus límites. Si pudiera escribiría ensayos sobre naturaleza como Lansky o disertaciones metafísicas como Vanbrugh o novelas de espías como d.m.
Tercero: No es por copiarme pero me pasa como a Vanbrugh en cuanto a libros que leo. De mis contemporáneos nacionales editados en papel he leído a Olmos, (casualidades de la vida), alguna novela de Umbral y ya el resto la han palmado hace mucho. De gente viva, fuera de España y que me haya gustado mucho, recuerdo El Curioso Incidente del Perro a Medionoche y Kafka en la Orilla (no sé si los títulos están bien porque yo me los leí en inglés, y ya sé que Murakami es japonés, pero cuando yo me lo leí aún no lo habían traducido al español). Vale, sí que son de estilo simplón, pero a mí lo que de verdad me gusta son los clásicos. De todas formas he decidido leer a continuación Purgatorio por recomendación de Lansky y también porque me encanta La Divina Comedia. Si puedo, me lo leo en catalán, con lo cual me durará para toda la eternidad.
Cuarto: yo me apunto al proyecto Gutenberg. Julián, si te vale te llevo los legajos a la editorial en minifalda, hago que se me caen los legajos al suelo y mientras me ayuda a recogerlos le pongo unas gotitas de atropina en el café, a ver si cuela.
Jo, qué mal me ha salido el punto cuarto, bueno, yo creo que se ha entendido la idea, ¿no?
Lo de las clases ilustradas viene a cuento de una frase de Garcia Posadas, Sanabre o uno de eso santones de la crítica (del establishment) que vino a decir algo así como que en españa la literatura del futuro será Encarna (de Móstoles) friendo empanadillas bajo la luz de los fluorescentes y con su hijo siete años tirándole de una de las puntas de la bata para que le conecte la play, o no será. Eso dijo el pavo, con un par.
Y ¡¡¡tiene razón!!! -ahí tenemos a chikilikuatre-. Solución: abrirse por patas, salir huyendo.
Tu blog lo leo y me gusta. Y mis explicaciones acerca de tus opiniones son completamente sinceras, ese párrafo que era el que a ti te gustaba más de todo el relato es el que a mi menos me convence ¡en serio!. Y a la sinceridad siempre hay que tratar de comprenderla, coraçao.
El problema de amadecasa es que no mete en cintura a ese tal Parker. Y eso que me he ofrecido a suprimirlo gratuitamente
En cuanto a escribir con frases cortas, me encanta. Ejemplo:
-"Siempre quise matar a un guitarrista"(el rival, mirando de reojo a Johnny)
-Noble aspiración"(Vienna, la heroina, mirando de reojo a Johnny)
(Johnny Guitar, Nicholas Ray)
¿Quién cojones es Parker? ¿el de las estilográficas?. Y ¿por qué quieres cargártelo, Lansky? ¿te ha contratado INOXCROM?.
El tal Parker, que no te enteras Bluff, es el que pretende escribir esas cosas tan estupendas de amadecasa
Prometí hace tiempo colgar aquí "Hoy no me levanto yo", de Chicho Sánchez Ferlosio. A ver si me funciona la máquina de colgar:
http://www.divshare.com/download/4016168-f34
Lo disfruten.
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